Tradicionalmente las empresas emplean un listado impreso en papel
para efectuar la preparación de sus pedidos. Las ordenes de
preparación de pedidos se transmiten al almacén sobre
un papel.
Este sistema conlleva gran cantidad de ineficiencias, ya que al
trabajar con papeles, generalmente el operario tiene que recoger
estas ordenes, imprimirlas, priorizar operaciones, leer línea
por línea, localizar en el almacén la ubicación
de cada referencia (invirtiendo tiempo en la búsqueda y efectuando
recorridos inecesarios) y recoger (pickar) la cantidad correcta.
Una vez completado un pedido, el operario debe anotar las desviaciones,
las roturas de stock que se vayan produciendo, restar las unidades
recogidas de cada ubicación y finalmente alguien deberá
introducir toda esta información nuevamente en el ordenador.
Cometer un error en todo este proceso es muy fácil, y detectarlo
antes de que el pedido sea remitido al cliente resulta muy costoso.
Invertir dinero en diseñar un control de calidad que detecte
ineficiencias, además de costoso no permite depurar todos
los errores.
En consecuencia se producen las lógicas reclamaciones por
parte del cliente y el impacto negativo sobre la calidad de servicio.
Lo que desemboca en mayores costes al tener que afrontar nuevas
correcciones y la posible perdida de un cliente insatisfecho.
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